Jardín zen

El jardín zen se crea a partir de la necesidad de un lugar tranquilo, de relajación, sencillo y sin muchos elementos, para fomentar la tranquilidad y paz mental.

Este tipo de espacios vienen de la cultura japonesa. El significado de la palabra Zen es meditación, por tanto, la energía debe ser equilibrada para los sentidos y transmitir tranquilidad a través de la sencillez y la belleza. Un jardín zen provee todo esto: está hecho a base de arena y piedras, sin agua.

Estos tranquilos paisajes áridos fueron creados por jardineros japoneses, que intentaban emular las últimas tendencias chinas. En un inicio, se apilaban piedras para hacer formas de montañas, en una base de arena blanca que simulaba el océano.

Se consideran sus inicios alrededor del siglo XII como un movimiento de paisajismo procedente de China. Este tomó aún más fuerza con el surgir de budismo zen, buscando el lugar ideal para conseguir llegar a la iluminación.

Los monjes zen utilizaban estos espacios de contemplación para llegar a la concentración absoluta, de manera que se adentraran espiritualmente a un lugar etéreo sin distracciones.

Un jardín zen siempre será un paisaje hermoso hecho especialmente para su contemplación, no para tránsito sobre él, así que será destinado a existir en áreas especiales donde pueda estar intacto y ser admirado por cualquiera mediante terrazas o a la lejanía.

Características de un jardín zen

Un jardín Zen siempre será un lugar árido: se caracteriza principalmente por la ausencia de agua. Está hecho de arena y piedras principalmente.
La arena siempre será de poca profundidad, y lo bastante delgada para poder rastrillar sobre ella figuras haciendo alusión a los movimientos del agua. El agua no está presente físicamente, pero sí que lo está figuradamente por la adaptación física de la arena base.
La arena generalmente es de color blanco, para generar un ambiente de vacío, y promover así la relajación y por ende la concentración en meditación: entre menos estímulos visuales estridentes, mejor.
Las rocas por su parte, hacen alusión a las montañas, a árboles o incluso animales: engloban la representación física de la naturaleza, siempre de manera asimétrica, una forma característica de orden en los jardines zen.
También se usan las piedras planas o de menor tamaño para la creación de senderos, creando un mayor movimiento visual en el entorno.
En algunas ocasiones se pueden añadir plantas a la decoración, pero estas siguen la línea de lo sobrio: musgo o suculentas son las elecciones habituales. También se emplean plantas con flor, pero de mediana estatura.
Hay jardines zen para todo gusto, desde exteriores hasta interiores, grandes y pequeños, lo importante es que sean minimalistas: menos será más en la creación de un jardín zen.

5 beneficios de tener un jardín zen

Evocan tranquilidad. Tan simples y pacíficos como son, pueden beneficiar tu paz mental al tener un espacio de meditación alejado de la cotidianidad y sus exigencias. Es bastante beneficioso para tu salud mental, retirando de manera inmediata el estrés de la vida diaria y regalando unos momentos de tranquilidad a quien esté cerca de él, contemplándolo; por lo cual, es ampliamente recomendado, para generar sensaciones positivas en el entorno donde sea puesto.

Facilitan la meditación. El simple hecho de observarlo te llevará a un estado de concentración que pocas veces conseguirías en otro lugar. También, el hecho de peinar la arena en formas circulares u onduladas promueve bastante relajación y te ubica en un estado meditativo inmediato.

Son fáciles de mantener. Al tener muy pocos elementos, y estos estar organizados de manera sencilla, no es difícil mantener la belleza y orden del jardín Zen, por el contrario, entre menos elementos, más sencillo de cuidar. El hecho de que las plantas ideales para este tipo de jardines sean de poco cuidados, ayuda a que su mantenimiento sea sencillo.

Se pueden ubicar fácilmente. Debido a que no existen muchas exigencias para su cuidado, tampoco las hay para montarlo. Se pueden colocar en casi cualquier lugar, en el tamaño que prefieras. Ya sea en tu hogar u oficina, puedes encontrar fácilmente el lugar ideal para su ubicación.

Embellecen cualquier lugar. La sencillez de su belleza ayudará a que tus espacios tomen un nuevo giro, completamente diferente y muy estético. Puede brindar frescura, tranquilidad, pero también un plus decorativo que resaltará de manera elegante robando las miradas de todos los que se encuentren cerca de él.

Tipos de jardín Zen

Jardín zen miniatura

En este tipo de jardines zen hay más libertad de elementos: aquí se permiten pequeñas cantidades de  agua y ¡hasta de fuego! Lo que se busca en ellos es a reunión de los 4 elementos, como una forma de honrar la naturaleza.

Los jardines zen miniatura incluyen la arena fin y las rocas que son parte esencial de ellos. Sin embargo se les puede añadir alguna vela o incienso como parte del fuego. Al ser realmente pequeños, pueden ser elementos decorativos para casi cualquier lugar: son usados muy a menudo como centros de mesa, mejorando la decoración del lugar donde sean ubicados.

Jardín zen interior

Son una manera muy original de dar un aire fresco y relajante a los interiores. Generalmente tendrán pocos metros cuadrados de tamaño, y se pueden ubicar en baños, pasos de escaleras, fondos de pasillos, rincones en habitaciones amplias, y demás lugares que se prefieran. Los jardines zen de interior estarán acompañados de plantas de poco cuidado y sobre todo que resistan a una vida sin sol ni condiciones del exterior. Están hechos igualmente, de arena fina y rocas colocadas en posiciones asimétricas, brindando frescura a cualquier habitación.

Jardín zen exterior

Los jardines zen para exterior, se compone de los mismos elementos que uno interior, sin embargo en este caso, suelen estar delimitados por rocas de grandes tamaños, donde se encontrará la fina capa de arena o grava que será rastrillada para formar los famosos patrones de los que hemos hablado con anterioridad.

Al ser para exteriores, el tamaño puede extenderse al límite que se desee, logrando grandes paisajes perfectos para la meditación o relajación. También se pueden incluir plantas, pero en este caso, se utilizarán plantas de cuidado sencillo aptas para la  vida en el exterior.

Elementos que puede incluir un jardín zen

Lo que caracteriza a un jardín zen, sea del tamaño que sea, es la integración de elementos naturales que en conjunto transmitan paz a todo espectador. Principalmente, se necesitará:

Arena. Es el elemento principal para tener un jardín zen. Puede ser grava o arena blanca, la cual representará el agua, inexistente en estos jardines. Se suele utilizar una capa fina con la cual se puedan hacer figuras circulares o en forma de ondas mientras se rastrilla.

Rocas. el segundo elemento más importante de un jardín zen. Con ellas se podrán hacer figuras que emulen situaciones naturales: montañas, árboles. Generalmente estarán dispuestas de forma ordenada pero asimétricamente, logrando patrones cautivantes.

Plantas. En muchas ocasiones se integra plantas de fácil cuidado a los jardines zen, tanto interiores como exteriores. Generalmente, son plantas desérticas las cuales dan un toque más verde a la sobria estética de los jardines. En algunos jardines zen exteriores también se utilizan árboles. Los árboles bonsái son muy utilizados en jardines zen de interior o miniatura.

Madera. Este elemento suele ser  bastante común en los jardines tanto exteriores como interiores. Dan ese toque de naturaleza que se necesita, calidez y contraste. Se utiliza generalmente para tener bien delimitada la zona donde se ubicará la arena.

Plantas que puedes incluir en tu jardín zen

Bambú: es una planta totalmente de exterior, porque necesita de luz en altas cantidades, por tanto, es perfecta para un jardín zen en el patio.

Arce japonés: es una planta que no necesita muchos cuidados, por lo cual es perfecta para esta clase de jardines.

Helechos: otra planta bastante resistente y fácil de cuidar, por o que resulta ideal integrarla. Sin embargo, esta planta suele prosperar mejor a la sombra, por lo que iría perfecto en interiores. Hay que cuidar su hidratación, el agua es muy importante para que se muestre vigorosa.

Musgos: se han hecho uno de los elementos favoritos para estos jardines, dan un toque de verde a un espacio sencillo, y se puede usar perfectamente en interiores. Su ventaja principal es que se da perfectamente sobre rocas ¡ideal para los jardines zen!

Azaleas: son un toque de color más allá del verde. Son muy apreciadas debido a sus coloridas flores rojas, salmón, amarillas, blancas y violetas ¡una explosión de vida ante los ojos!

Hackonechloa: es un tipo de planta oriental bastante elegante, la cual se da en rocas, por lo que es muy adecuada para un jardín zen.

Iris ensata: una flor japonesa bastante popular, la cual puede darle algo de vida y color a cualquier jardín zen.

5 pasos para crear tu jardín zen en casa

Decide la ubicación: depende mucho de tus espacios para concretar el tipo de jardín zen que deseas montar. Puede ser que quizá vivas en un lugar bastante reducido, o que desees darle un toque de tranquilidad y belleza a tu oficina, por lo que un jardín zen miniatura sea tu mejor opción en estos casos. Sin embargo, si estás decidido a montar uno más grande, deberás considerar el tamaño, y si será en interior o exterior, esto para conseguir los materiales adecuados y en cantidades precisas.

Elije el material base: grava o arena. Necesitarás elegir, según sean tus gustos, entre estos dos materiales para crear tu jardín zen. Esto dependerá mucho de tus gustos personales, y también de los elementos adicionales que desees incluir, como las plantas.

Delimita los espacios: ya sea que decida delimitar el área con rocas o madera, es importante que esté bien separada y no está de más que incluyas una malla anti maleza, en caso de que esté ubicado en el exterior. De esta manera tu jardín zen estará más que precioso sin contratiempos mientras lo disfrutas.

Agrega piedras, troncos o plantas: esta ya es una elección muy personal, dependiendo del entorno que desees lograr y de la vista que tengas en mente, puedes organizar los elementos intuitivamente como mejor te plazca, logrando una vista armónica y relajante. Experimenta creando diferentes conjuntos, y diferentes formas con las rocas a tu disposición, sin ser tan exacto, procurando la espontaneidad.

Crea formas con el rastrillo: esta última parte es la más importante, ya que el diseño de la arena es un protagonista en la creación de los jardines zen. Puedes crear patrones en círculo, en ondas… ¡a tu creatividad! Lo importante es que el lugar inspire tranquilidad, y que tú mientras lo creas disfrutes de ese momento meditativo que tu jardín te regala.

Como adicional, puedes ubicar unas bancas cercanas para que puedas admirarlo y disfrutar de la paz y armonía que emana para ti.

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